
Por Mia Wenzlaw
Practicante
Colegio Alemán de Cali
Hallo! Mi nombre es Mia Wenzlaw, tengo 19 años y en julio de 2025 obtuve mi Abiturm, título de Bachillerato. Crecí en Giengen an der Brenz, una pequeña población entre Stuttgart y Múnich, conocida como la ciudad de los ositos de peluche. Soy mitad colombiana y mitad alemana, aunque he vivido en Alemania desde que nací.
Mi relación con Colombia
Durante mucho tiempo, Colombia fue para mí principalmente un destino de vacaciones donde visitaba a mi familia. Sin embargo, ya había tenido la oportunidad de conocer el Colegio Alemán de Cali como alumna en dos ocasiones, en Cuarto y Décimo grado. Experiencias que me marcaron profundamente.
“Ahora he regresado, pero en un nuevo rol: como practicante”.
Mis prácticas: aprendizaje y gratitud
Desde hace seis meses apoyo a la rectoría y a varios docentes, y especialmente a los grados Cuarto y Sexto. Mi práctica está por terminar –algo que me entristece un poco–, aunque me quedaré en Cali hasta Semana Santa.
He aprendido muchísimo, he conocido a personas maravillosas, especialmente a los estudiantes que se han ganado un lugar muy especial en mi corazón. Uno de los momentos más significativos de estas vivencias fue participar en la ruta gastronómica que organiza el equipo de Mercadeo y mis compañeros de práctica, Velten y Leonard.
“En Colombia he tenido la oportunidad de conocer personas maravillosas, especialmente a los estudiantes del DSCali”.
Nuestra ruta gastronómica por Cali
Más que un simple recorrido culinario, fue un viaje a través de los sabores y la cultura caleña. Cada parada nos permitió descubrir la esencia vibrante de una ciudad que late con música, color y calor tropical. Es así como en las Canchas Panamericanas probamos los tradicionales cholados y luladas. Las bebidas, llenas de frutas frescas y colores intensos, eran tan llamativas como deliciosas. La lulada, preparada con el delicioso lulo, me conquistó con su equilibrio entre dulce y ácido. Además, estas delicias fueron un alivio refrescante frente al clima tropical que para nosotros los alemanes, puede resultar intenso.
Visitamos también La Caleñita, un restaurante y centro de artesanías donde la cultura se vuelve tangible que con ‘sombreros vueltiaos’, instrumentos tradicionales y detalles alusivos a la salsa, crean un ambiente auténtico y acogedor. Allí degustamos aborrajados, empanadas y pandebono. Los aborrajados (maduro dulce relleno de queso derretido) fueron, sin duda, mis favoritos.
Nuestra última parada fue en el Parque de los Gatos, uno de los íconos de la ciudad. Caminamos junto al río Cali bajo los majestuosos samanes, disfrutando de la brisa característica del lugar. Las coloridas esculturas son una muestra de creatividad y alegría de vivir, cualidades que asocio profundamente con Cali.
Para nosotros, los alemanes, esta ciudad puede ser un contraste: el clima, la música constante, la intensidad de los colores y la cercanía de las personas. Pero precisamente esa energía vibrante es lo que me llevaré conmigo de regreso a Alemania.
Danke, Cali!
Durante estos seis meses viví una experiencia profundamente enriquecedora que me permitió no solo mejorar mi español, sino también conocer, a través de los niños y mis colegas, la cultura y la vida cotidiana caleña. Cali me conquistó con la calidez y la alegría de su gente. Agradezco de todo corazón a la comunidad de la Deutsche Schule Cali por recibirme con los brazos abiertos y regalarme una experiencia inolvidable.







